El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Pero ni me vio a mà ni oyó nada que pudiera hacerle recelar mi intervención en este asunto.
—Quizá sÃ, quizá no; más, como sea, ¿qué más da que nos encuentre esta mañana o esta tarde?
—AsÃ, pues, tú consideras segura la lucha una vez Anson haya asaltado la diligencia.
—Creo que lo mejor será estar prevenidos, por si acaso.
—En este caso, tú te quedarás aquà vigilando, y en cuanto los percibas atravesarás los montes a toda prisa hasta Big Spring, en donde puedes acampar esta noche. Roy aprobó esta determinación y, sin añadir palabra, los dos hombres recogieron las cuerdas y se acercaron a sus caballos.
Elena apartó la vista de Dale tan pronto como las exclamaciones de su hermana la hicieron fijarse en un potro furioso, que a no mucha distancia de ellas se alzaba sobre sus patas posteriores, batiendo el aire con las de delante. Roy lo habÃa cazado con el lazo y lo arrastraba al campamento.
—Mira, Elena, esta jaca salvaje —exclamó Bo.
Elena se apresuro a ponerse a cubierto de las embestidas del furioso animal. Roy lo ató a un cedro próximo.
—No te asustes, no es nada —dijo Roy con voz suave, acercándose despacio al asustado animal.