El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Lo primero que hizo Dale al suspender la marcha fue abrir uno de los fardos de la impedimenta y sacar de él lonas y mantas para preparar las yacijas bajo un pino.
—Ahora, señoritas, a descansar —dijo.
—Cualquiera dirÃa, Bo, que el señor Dale pretende hacernos quedar largo tiempo en estos bosques —insinuó Elena.
—Eso parece —asintió Bo tendiéndose cuan larga era sobre las mantas y reclinando la cabeza en una silla de montar—. Pero no sé por qué le llamas señor. ¿No te ha dicho que no le gustaba?
Mientras tanto, Dale estaba ocupado en descargar los demás fardos de los otros caballos.
Elena se tendió al lado de Bo. Nunca como entonces habÃa sentido las delicias del reposo.
—¿Cómo le llamarás tú? —preguntó.
—Le llamaré Milt —contestó Bo.
Elena no pudo reprimir la risa, a pesar de su cansancio y sus dolores.
—¿Cómo llamarás entonces a tu simpático cowboy cuando le veas? —preguntó.
A Bo le salieron los colores a la cara, cosa insólita en ella.
