El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Le nombrare con algún diminutivo cariñoso —confesó—. Estamos en el Oeste, Elena, y es preciso que nos amoldemos a sus costumbres. Antes soñabas siempre en él; ahora que estás aquà parece que no puedas adaptarte a estas costumbres. Esto no puede ser.
Estas palabras de Bo produjeron en su hermana profundo efecto. Elena nada respondió a ellas. Verdad era que sus deseos de conocer el Oeste no se extendÃan hasta el extremo de realizar por él tan azarosas correrÃas. ¿SerÃa el Oeste en su vida cotidiana una pura y continua sucesión de estas persecuciones, aventuras, luchas, pruebas y ordalÃas? Todo para preparar una vida mejor a las generaciones ulteriores. Éste era el significado de las palabras de Bo, aun sin que ella misma se diera cuenta de su alcance. Tan extenuada estaba Elena, sin embargo, que sin gusto para entregarse a sus reflexiones prefirió entretenerse mirando a Dale.