El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Estoy muy cansada y el sueño empieza a vencerme —pretextó Elena—. ¿Qué me decÃas?
—Sencillamente, que tengo un apetito atroz.
—No me extraña. Tú siempre estás dispuesta a darle al diente. Yo estoy demasiado fatigada para comer. Tengo sueño; pero el miedo no me deja cerrar los ojos. Cuando los pegue, me costará muchÃsimo volverlos a abrir. ¿Cuándo hemos dormido por última vez, Bo?
—La penúltima noche antes de salir de casa —declaró Bo.
—¡Cuatro noches sin dormir! ¿Es posible?
—Lo que es yo estoy dispuesta a dormir tan tranquila en estos bosques. ¿Es aquà dónde tendremos que pasar la noche, debajo de este árbol, sin tienda ni nada que nos cobije?
—Asà parece —respondió Elena, compungida.
—¡Qué hermoso! —exclamó Bo, entusiasmada—. Veremos las estrellas a través de los pinos.
—Parece que se avecinan densos nubarrones. Sólo nos faltarÃa que descargara una tormenta.
—Las tormentas del Oeste deben de ser formidables comentó Bo.