El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena reconoció nuevamente en su hermana ciertas cualidades de carácter que si le daban gran aptitud para la vida del hogar, aun la hacÃan más apta e idónea para aquella nueva vida de peligros y aventuras en que estaban metidas. ¡Cuánto podÃa cambiar todavÃa Bo en unos cuantos años! Siendo más joven, más impresionable, con impulsos más instintivos que intelectuales adquirirÃa con el tiempo mayor valor y fortaleza. Elena, en cambio, temÃa no adaptarse nunca a la vida del Oeste. Pero ¿cómo podrÃa prescindir y trocar la inteligencia por el instinto? Únicamente los salvajes podÃan vivir sin pensar.
Elena advirtió que Dale volvÃa a ponerse en pie, escudriñando los bosques y prestando oÃdo atento.
—Roy no vuelve por ahora, lo cual es un buen sÃntoma —soliloqueaba.
Volviéndose luego a las jóvenes, les dijo:
—La cena está preparada.
Elena y Bo comieron con el hambre de quien no ha comido en varios dÃas. Dale las servÃa con gran solicitud.
—Mañana habrá carne en la cepa —prometió.
—¿Qué carne? —preguntó Bo.
—Pavo silvestre o ciervo. Tal vez una y otra, si ustedes quieren. Pero la carne de los animales silvestres es muy fuerte y conviene comerla con parsimonia. La carne de pavo silvestre es deliciosa.