El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Dale comió cuando Elena y Bo hubieron concluido, y mientras comía escuchaba su conversación y contestaba de cuando en cuando las preguntas que le dirigían. A la luz del crepúsculo lavó los platos y utensilios, siendo ya noche oscura cuando concluyó la operación. Alimentó luego el fuego y se sentó en un tocón para contemplar la llama. Elena y Bo se recostaron cómodamente en sus sillas de montar.
—No tardaré un minuto en dormirme —manifestó Bo—, y es lástima después de lo mucho que he cenado.
—Pues yo no podré conciliar el sueño, y cree que siento verdadera necesidad de dormir.
Dale irguió la cabeza en actitud de alerta.
—Escuchen ustedes.
Las dos hermanas aguzaron el oído cuanto les fue posible. Elena no oyó a lo sumo sino el leve sonido de algunas pisadas de caballo en la oscuridad. La selva parecía dormida. En la mirada de Bo conoció que tampoco su hermanita había percibido lo que había llamado la atención de Dale.
—Una manada de coyotes se acerca —explicó el cazador.