El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque No obstante, Elena no cesaba de mirar con atención los lugares que atravesaban, de tal modo que no le hubiera costado ningún trabajo reconocerlos si hubiera tenido que volver a pasar por ellos. Era ya bastante avanzada la tarde cuando Dale y Roy condujeron a las muchachas a un lugar en donde las aguas formaban un verdadero lago cuajado de cañas. Cabalgaron a lo largo de sus orillas tronchando multitud de cañas y asustando a las grullas y garzas, que huían perezosamente con su tardo y torpe vuelo. Los patos silvestres huían también despavoridos de una orilla a otra. Esta depresión del terreno estaba rodeada de altas rocas, tras las cuales volvía a aparecer una nueva hilera de árboles.