El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque La ayudó a desmontar y a andar hasta el árbol, en donde la esperaba Bo. Dale habÃa colocado tina silla en el suelo y estaba poniendo mantas delante de ella bajo un pino.
—Elena, muchas veces me has dicho que me querÃas —le dijo Bo con triste acento. Sus mejillas estaban pálidas; sus labios, lÃvidos. Apenas podÃa tenerse en pie.
—Tienes razón para dudarlo, Bo —contestó Elena—, pues no se comprende cómo queriéndote haya podido traerte a un viaje asÃ. ¡Qué horrible marcha!