El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Una muchacha de veinte años —musitó—, a la que hay que raptar por orden de Beasley. Eso para la muchacha es peor que la muerte.
Dale aceptaba los hechos con una ecuanimidad de espÃritu y un fatalismo propios de su alma curtida en las luchas crueles de la vida selvática. Los hombres perversos no sienten por sus vÃctimas más piedad que los lobos por los ciervos que despedazan. ¡A cuántos lobos habÃa dado muerte en castigo de su maldad! No habÃa derramado nunca, en cambio, sangre humana. Siempre habÃa sentido tendencias protectoras: los viejos y los niños despertaban a este respecto todas sus simpatÃas; en cambio las jóvenes no habÃan suscitado nunca su interés. ¡Qué extraño le parecÃa que sintiera deseos de vencer a Beasley y ayudar a Al Auchincloss, por causa de una muchacha! La pobrecilla estarÃa ya, sin duda, en camino, sola, confiada, esperanzada, forjándose ilusiones y pensando en su futuro hogar. ¡Cuán difÃcil es siempre prever cómo ha de terminar un viaje! Muchos senderos terminan de repente en lo más enmarañado de la selva y únicamente los más diestros hombres del bosque son capaces de evitar la tragedia.
—¿Qué misterioso destino me harÃa acortar hoy, a través de la selva, desde Spruce Swamp? —reflexionó Dale.