El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Cruzó la ancha y verde llanura y emprendió, entre álamos temblones y pinos, suave descenso por una barrancada al fondo de la cual corrÃa un claro y tumultuoso arroyo. La voz de un pavo silvestre le hizo cambiar el curso de sus pasos, dando silenciosamente un rodeo en torno de un grupo de álamos temblones. En medio de un trozo de terreno cubierto sólo por la alta y abundante hierba habÃa una docena o más de pavos silvestres, con la cabeza alta y vigilante en la actitud de desconfianza caracterÃstica de la especie. Ningún animal tan difÃcil de matar como estos recelosos pavos silvestres. Dale mató a dos; los otros desaparecieron corriendo ayudados de las alas, como los avestruces, y remontando a poco el vuelo hasta la altura de un hombre, desaparecieron en el bosque.
Dale se echó los dos pavos muertos al hombro, y continuó su camino. Una quebrada en el bosque le permitió divisar una pendiente de más de una legua, cubierta de pinos y cedros, y a continuación el desierto, pelado, arenoso, brillante, extendiéndose hasta la lÃnea oscura y lejana del horizonte.