El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Cree conocerse, pero se equivoca; se desconoce en absoluto. Usted ha recibido una educación esmerada, eso es verdad, pero ignora lo que es la Naturaleza y la vida, las dos supremas realidades. ¿Quiere contestarme sinceramente?
—SÃ, aun cuando me hace a veces preguntas muy difÃciles de contestar.
—¿Ha estado alguna vez a punto de morir de hambre?
—No —respondió Elena.
—¿Se ha extraviado usted en los bosques alguna vez?
—No.
—¿Ha visto alguna vez la muerte de cerca, amenazadora, terrible?
—Tampoco.
—¿Ha sentido alguna vez impulsos fieros e irresistibles de matar a alguien con sus propias manos?
—¡Oh, por Dios, vaya una pregunta! No, claro está que no.
—Otra pregunta, aun cuando ya se lo que me va a contestar. ¿Ha amado alguna vez a algún hombre tan intensamente que para usted la vida no haya tenido ya ninguna significación sin él?
—No, gracias a Dios —contestó Elena.
—En este caso usted ni siquiera presume lo que es la vida —fue la conclusión a que llegó Dale.