El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Yo no he de verme nunca probablemente en ninguno de esos trances —objetó Elena.
—SÃ, hermana, sà —intervino Bo—, especialmente en el último. DÃa llegará en que tú amarás locamente.
Ni Elena ni Dale dieron muestras de haber oÃdo la interrupción.
—Pongamos un ejemplo —dijo Dale—. Aquà yo soy el hombre que representa la Naturaleza fÃsica e instintiva, la vida salvaje, y usted es la mujer compleja e intelectual. No olvide que está en una selva y supóngase que las circunstancias le obligaran por cualquier causa a permanecer aquà toda la vida. Usted lucharÃa con los elementos para vivir y como ni uno ni otro tendrÃamos más trato que el de nuestra recÃproca compañÃa, uno u otro acabarÃa por cambiar sufriendo la influencia del carácter más fuerte. ¿No cree que habrÃa de ser usted la que cambiarÃa al fin? No a causa de mi superioridad, porque en realidad yo soy muy inferior a usted, sino a causa de las circunstancias. Usted acabarÃa por perder su complejidad y transcurridos algunos años volverÃa a su estado natural de mujer meramente fÃsica e instintiva.
—¡Oh Dios mÃo! —exclamó Elena, desolada—. ¿Es éste el destino de todas las mujeres del Oeste?