El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Si te he visto a veces tener miedo de un ratón! —Se puede tener miedo de un ratón y no tenerlo de un oso.
—¡No comprendo!
—Muy sencillo. En el Oeste ya sé que he de encontrar osos, pumas, fieras y bandidos, y estoy ya preparada a estos encuentros. Con los ratones, en cambio, no quiero tratos —explicó Bo.
Discutieron como solían hacerlo: Elena, en representación de la lógica y el buen sentido; Bo, con salidas prontas y dichos agudos.
La mañana de aquella discusión Dale tardo bastante en capturar los caballos. Al regresar al campamento, después de realizado este trabajo, parecía algo pensativo.
—Alguna fiera ha estado persiguiendo a los caballos esta noche —dijo—. ¿No los han oído ustedes relinchar?
Tan profundamente habían dormido las dos hermanas que ninguna de ellas había oído nada.
—He notado la desaparición de un potro y he de irme a buscarlo ahora mismo.
La prisa que demostraba Dale por salir al encuentro del potro era asaz significativa. Cogió su fusil predilecto y llamando a Pedro para que le acompañara, monto a caballo y se alejó sin decir nada más a las muchachas.