El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —En todas las que usted ha dicho, menos una —contestó Elena riendo y estremeciéndose a la vez—. Ahora tengo un hambre que me siento morir por momentos. Hace unos instantes estaba tan indignada con Bo, que de buena gana la hubiera estrangulado entre mis manos. Me he visto frente a aquella horrible fiera sin esperanza de salir con vida del terrible encuentro. Dos o tres veces me he visto perdida, irremisiblemente Perdida en la selva. Nada más.
Bo creyó llegado el momento de demostrar que habÃa recuperado el habla.
—No te falta más que enamorarte locamente —dijo.
—SÃ; según Dale, es preciso que a mis nuevas experiencias de hoy añada el enamoramiento, para poder decir que conozco el valor y el sentido de la vida —concedió Elena.
El cazador se abstuvo de comentario, limitándose a dar la señal de regreso.