El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Elena retiró, ruborizada, sus mayos de las de su tío, en el instante en que Roy se adelantaba para presentarle sus respetos. Avanzaba con la cabeza descubierta, alto y delgado, sin que ni sus ojos ni su cara expresaran nada, ni sus labios profirieran palabra alguna en confirmación de la abnegación y la lealtad con que acababa de realizar su generosa acción.

—Buenos días, Elena; buenos días, Bo —se limitó a decir—. Veo con satisfacción que las dos tienen cara de salud. Me han de dispensar si no me he dado más prisa en traerles a su tío, pero estaba seguro de que mientras tanto no lo pasaban ustedes tan mal aquí.

—Lo hemos pasado admirablemente —declaró Bo.

—Necesito sentarme —dijo Auchincloss, con la respiración fatigosa.

Sus dos sobrinas le siguieron al rústico asiento que Dale les había preparado debajo de un corpulento pino.

—¡Oh, tiene usted cara de cansado, querido tío! ¿Cómo se encuentra usted? —preguntó Elena, lleno el corazón de zozobra.

—Muy cansado, en efecto; pero esto es ahora, después de la cabalgata. Cuando Joe Beeman me trajo noticias vuestras mi alegría fue tal que me olvidé que era un viejo carcamal sin fuerzas ya para nada. Vuestra compañía es capaz de hacer un nuevo hombre de mí.


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