El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —TÃo, yo le veo a usted fuerte y bien; y hasta joven —declaró Bo.
—SÃ, hijas, me encuentro mucho mejor desde que estoy con vosotras. ¡Cuánto he sufrido, pensando que ese malvado de Beasley…!
Su cara cambió rápidamente. Elena creyó leer en la nueva expresión del rostro de su tÃo todas las angustias, todas las luchas de varios años, algo que nada tenÃa que ver con la edad ni con la resignación, algo trágico, muy trágico.
—Bueno, no nos acordemos ahora de él —añadió. Y luego, volviéndose hacia el cazador, le rogó que se acercara—. Lo que le debo es más de lo que puedo pagarle —le dijo, con una sobrina en cada brazo.
—No, Al, no me debe usted nada —replicó Dale desviando pensativamente la mirada.