El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena sabÃa que su tÃo trataba a los servidores con bastante rigor; pero comprendió que en aquel momento en todo pensaba menos en usar de su severidad.
—¿No me dijo usted que mi sobrina le habÃa enviado a mÃ, a fin de que yo le diera un empleo en mi hacienda? —insistió.
—No recuerdo bien, mi amo; tengo muy mala memoria, y… —balbuceó el cowboy, confuso.
—No me venga ahora con andróminas —repuso el viejo—. Si su memoria es mala, la mÃa es excelente. Usted me aseguró que mi sobrina intercederÃa en su favor.
Carmichael dirigió en aquel momento una tÃmida y furtiva mirada a Bo. Indudablemente creyó leer en la expresión de la muchacha algún sentimiento adverso, porque su desconcierto subió de punto.
—¿Me lo asegura o no me lo asegura usted? —conminó Auchincloss, paseando su mirada del cowboy a sus demás hombres de un modo que convenció a Elena que todos se estaban divirtiendo a expensas de Carmichael.
—SÃ, señor; se lo asegure —contestó este súbitamente.
—Pues aquà está mi sobrina; veamos lo que dice en favor de usted.
Carmichael y Bo cambiaron unas miradas. Bo bajó pronto los ojos. El cowboy se olvidó de lo que se le preguntaba.