El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena puso la mano en el brazo del viejo hacendado.
—TÃo —le dijo—, yo tengo la culpa de lo sucedido. Al pararse el tren en Las Vegas este joven nos vio en la ventanilla, y debió de imaginarse que éramos unas muchachas perdidas por el Oeste y llenas de nostalgia del hogar, porque se acercó a nosotras a hablarnos con gran amabilidad. Dijo que le conocÃa a usted y nos preguntó si creÃamos que podrÃa obtener un empleo en el rancho. Yo, entonces, para divertirme, le aseguré que sÃ, anunciándole que Bo hablarÃa en su favor.
—¡Ah, ah!, asà se explica todo —concedió Al, volviéndose hacia Bo con alegre mirada—. Bueno, conservare a este joven a mi servicio, según los términos convenidos. Ven, Bo, a hablar en su favor, a menos que prefieras que le despida.
—Es el primer hombre que nos habló amablemente en el Oeste —farfulló Bo.
—Esto ya es algo; pero no es bastante. Necesito una recomendación más clara, más terminante —dijo Al.
Del grupo de cowboys partieron algunas risas. Carmichael miraba a todos lados, como buscando por donde, escapar.
—Me figuro que es un buen jinete —añadió Bo.
—Esto es indudable —concedió Al de buena gana.