El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿No soy su amigo? Pues para pasar unos dÃas en compañÃa de un amigo —contestó.
—Gracias, Al. La próxima vez que vaya a Pine, patearé por su casa para visitarle. No creo que sea antes de la primavera.
—¡La primavera! —repitió Auchincloss, con ojos ensombrecidos por funestos presentimientos—. ¡Tal vez ya no esté yo en el mundo de los vivos!
—No piense usted tal cosa. Ahora está mejor que nunca, y los cuidados de sus sobrinas le prolongarán la vida muchos años.
Auchincloss no insistió de momento sobre el asunto; pero después de la comida, cuando sus hombres examinaban el campamento y los animales de Dale, Elena oyó que su tÃo volvÃa a la carga.
—¿Por qué no quiere venir conmigo? —preguntó nuevamente a Milt Male.
—Porque prefiero continuar mi vida selvática de siempre.
—No diga tonterÃas, Milt. No puede continuar cazando osos y domando felinos hasta que se muera —protestó él viejo ranchero.
—¿Por qué no? —preguntó el cazador, pensativo.
Auchincloss se detuvo un momento antes de contentar, y sacudiendo la cabeza, como para rechazar una idea, repuso: