El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Ahora trabajan con Beasley.
—¿De veras? —exclamó con evidente sorpresa—. ¿Qué hacen?
—Beasley se ha enriquecido de tal modo que nunca tiene bastantes trabajadores.
—¡Beasley se ha enriquecido! —repitió caviloso—. ¿Más caballos, y ovejas, y ganado, que nunca? ¿No es verdad?
—SÃ, sÃ; más que nunca. Es imposible calcular las cabezas de ganado que Beasley posee. Es el hombre más rico de todos estos contornos, desde que la fortuna de Al empezó a decaer. La salud del viejo Al no gana nada con esta prosperidad de Beasley. Dicen que han tenido algunos altercados últimamente.
Dale se despidió de nuevo de su amiga y salió de su casa caviloso y pensativo. No solamente serÃa difÃcil vencer a Beasley, sino peligroso oponerse en su camino. Era evidente que se habÃa hecho el amo del pueblo. Por la calle, Dale encontró a varios amigos suyos, a quienes saludo y con quienes converso, distrayéndose de sus ideas. Llevo el pavo a otra amiga suya y luego se dirigió al boliche del pueblo. Era una rústica construcción de madera, frente a la cual habÃa varios caballos y un grupo de ociosos.
—¡Que me maten si ése no es Milt Dale! —exclamó uno.