El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena se levantó y alejóse al oír esto. Había oído lo que su tío no habría dicho si hubiera sospechado que ella estaba cerca. No obstante, estaba muy tejos de deplorar su indiscreción. Una extraña y dulce emoción la embargaba. Cavilosa y agitada caminó algunos pasos la orilla del arroyo, bajo los pinos. Deteniéndose s momentos en un hermoso rincón de la selva, sintió que la belleza del paisaje le calmaba los nervios. Los minutos subsiguientes fueron los más felices e intensos que pasó a solas con su pensamiento en aquel paraíso.
Su tío la llamó cuando más engolfada estaba en sus reflexiones.
—Elena —dijo esté cazador quiere hacerte donativo dé su caballo negro. Te aconsejo qué lo aceptes.
—Ranger, merece mayores cuidados de los qué yo puedo prodigarle —agregó Dale—. Por eso le agradecería, Elena, que se encargue dé él. También le regalo a Pedro.
Bo pasó maravillada su mirada del cazador a su hermana.
—Claro qué aceptará el regalo —dijo—. Si no lo acepta ella, lo aceptaré yo.
Dale se detuvo un momento, indeciso. Tenía una manta en las manos y estaba dispuesto a ensillar al caballo. Carmichael se paseaba cerca de Ranger, seducido por la belleza del animal.