El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Es usted entendido en caballos, Las Vegas? —le preguntó Bo.
—No lo dude, y le aseguro que comprarÃa este animal a cualquier precio.
—Las Vegas, ha llegado usted tarde —declaró Elena, avanzando hasta colocar una mano en el animal—. Este caballo es avÃo.
Dale alisó la manta y, doblándola convenientemente, la puso sobre los lomos de Ranger, colocando encima la silla.
—Muchas gracias por el espléndido regalo —le dijo Elena, afectuosa.
—No las merece. Soy yo quien se las doy por haber aceptado el obsequio.
Y después de asegurarse que el aparejo quedaba debidamente colocado, añadió:
—Ya puede montarlo.
Y apoyando un brazo en la silla contempló un rato a Elena, mientras la muchacha halagaba y acariciaba al animal. Elena, serena y dueña de sÃ, en posesión de su secreto, mimaba, a su vez, fijamente al cazador.
—Nunca podré agradecerle lo bastante su generosa intervención en favor mÃo y de mi hermana —le dijo.
—No necesita agradecerme nada. Yo soy el primer beneficiado —aseguró Dale.
—¿Vendrá usted a Pine con nosotros?