El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No.
—¿Pero no tardará en visitamos?
—No sé, tal vez deje pasar algún tiempo antes de ir a verles —respondió.
—¿Cuánto tiempo?
—No creo les visite a ustedes antes de la primavera.
—¡Tanto piensa tardar! ¿No podÃa venir a visitarme antes?
—No sé; no se lo aseguro.
—Usted es el primer amigo que he tenido en el Oeste —dijo Elena gravemente.
—Ya encontrará usted otros que le harán olvidar pronto a este hombre de das selvas.
—No soy yo de las que olvidan a sus amigos, y nunca he tenido un amigo como usted.
—Con gran orgullo escucho esta manifestación.
—¿Me promete visitarme en Pine?
—Se lo prometo.
—Gracias. En este caso ya me marcho más conforme. Adiós, y hasta la vista.
—Adiós —repitió Dale, estrechando la mano de Elena.
HabÃa en la mirada del cazador, clara, franca y hermosa, ciertos dejos de tristeza.