El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena se levanto y, andando con la punta de los pies para no hacer ruido, levanto las cortinas para mirar en la habitación que habitaba su tÃo. Estaba dormido. Muchas veces solÃa llamar en sus ensueños. HacÃa varias semanas que no podÃa levantarse de la cama, y sus fuerzas disminuÃan rápidamente. Dando un suspiro volvió Elena a ocupar su asiento cerca de la ventana, reanudando su labor.
—¿Has visto como brilla el sol, Bo? —preguntó a su hermana—. Los dÃas van siendo más largos. ¡Qué alegrÃa!
—Elena, tú siempre estás deseando que los dÃas pasen de prisa. Para mà transcurren más rápidamente de lo que yo quisiera —respondió su hermana.
Mientras tanto, Bo estudiaba con su mirada los pensamientos de Elena.
—¿Te acuerdas mucho de Dale? —le preguntó inopinadamente.
—Claro está que sà —contestó Elena, sorprendida de que su hermana pudiera hacerle tal pregunta.
—Bien comprendo que no debÃa habértelo preguntado —confesó Bo, engolfándose de nuevo en la lectura de su libro.