El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena detuvo tiernamente su mirada en su hermana. En aquel invierno tan lleno de acontecimientos en el que el cuidado de la casa y las atenciones del rancho y hacienda de su tÃo le habÃan absorbido tantas horas, Bo se habÃa distanciado algo. Siempre voluntariosa e indómita, Bo habÃa continuado una vida muy parecida a la que llevara en el campamento de Dale, con gran satisfacción de su tÃo, enorme sentimiento de Elena, susto y desconcierto de la fiel mejicana que ayudaba a Elena en los cuidados de la casa y trastorno de todos los cowboys que trabajaban en el rancho.
Elena aguardaba pacientemente el momento oportuno para charlar con su hermana, haciéndole sentir la influencia de sus razones y su cariño; pero cuando ya se disponÃa a dirigirle la palabra sonaron los pasos de un hombre con espuelas e inmediatamente se oyeron unos golpes en la puerta. Bo corrió a abrirla.
—¡Oh, no es más que usted! —dijo con voz despectiva al recién llegado.
—¿Cómo están ustedes? —preguntó la persona a quien Bo habÃa recibido con tanta frialdad.
—Muy bien, señor Carmichael; pero si usted lo prefiere me encontrare muy mal —replicó Bo, acentuando la intención malévola de sus palabras.
—¿Mal? ¡Oh, no!