El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —No lo dudo. Pero supóngase que Beasley aprovechara un momento en que no están ustedes todos aquÃ, y que, invadiendo con los suyos, inopinadamente, mi rancho, se apoderara de él por sorpresa, haciéndose dueño de mis propiedades. ¿Qué sucederÃa?
—En tal caso, sólo se tratarÃa de saber quién de los tres, Dale, Carmichael o yo, encontrarÃa más pronto a Beasley.
—Roy, eso precisamente es lo que temo, y eso es lo que quiero evitar. Carmichael me pidió permiso, dÃas atrás, para matar a Beasley, con la misma sencillez con que hubiera podido pedirme autorización para realizar cualquiera de las faenas del rancho. Sus palabras me hicieron mucho daño, y ahora usted me dice que usted, o Dale…
—¿Cómo evitarlo? Las Vegas ama a su hermana, y Dale a usted. ¿Cómo detenerles? No podrá usted impedir que vayan al encuentro de Beasley, lo mismo que el viento echa por tierra al pino débil y carcomido une encuentra a su paso. En cuanto a mÃ, mis motivos son diferentes. Yo soy mormón, y estoy casado; pero soy amigo y camarada de Dale y me intereso por usted y su hermana. Bastan estas razones para que yo procure anticiparme a los otros, arreglando este asunto con Beasley a la primera ocasión.