El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Pronto se vio que Bo estaba más magullada y maltrecha de lo que al principio parecÃa. La rodilla, particularmente, habÃa recibido tanto daño que era seguro que la joven tardarÃa mucho en volver a montar. Elena, que tenÃa ya bastante práctica en curar y vendar heridas, encontró ciertas dificultades en curar las múltiples erosiones de su hermana, empleando bastante tiempo en lavarlas y vendarlas. La excitación de Bo duró mucho tiempo después de terminadas las curas. Su palidez persistÃa y sus ojos transparentaban aún el enfado y la cólera. Elena le dijo que se fuera a la cama, porque aun cuando Bo se empeñaba en retardar este momento, la verdad era que no se podÃa tener en pie y que sus manos temblaban.
—¿Qué me vaya a la cama? ¡De ninguna manera, antes de saber lo que Carmichael ha hecho con Riggs!
Esto era lo que tenÃa también a Elena tan sobresaltada. Si Carmichael mataba a Riggs, ¿cómo podrÃa Elena continuar en aquella hacienda que ella habÃa empezado a administrar con tanto agrado? TenÃa firmes esperanzas de que tal desgracia no sucederÃa; pero la incertidumbre la atormentaba.
—Mi querida Bo, ¿no es verdad que tú no deseas, no quieres que Carmichael mate a Riggs?
—Claro que no, pero al fin y al cabo no me importarÃa nada que lo hiciera.
—¿Crees que lo hará?