El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Si ese muchacho me ama realmente, podrá haber leÃdo mis deseos en mis ojos antes de salir de la habitación —declaró Bo.
—¿Y cuáles son tus deseos?, —quiso saber Elena.
—Que expulse sencillamente a Riggs de la comarca. Que le avergüence delante de los habitantes de Pine, que muestre a todo el mundo su cobardÃa, que lo abofetee, que le escupa, que lo arrojé a puntapiés.
Sus palabras vehementes sonaban todavÃa en la habitación cuando se oyeron algunos pasos en el pórtico. Elena corrió a abrir la puerta y apareció Roy con la cara pálida y los ojos brillantes. Su sonrisa tranquilizó inmediatamente a Elena.
—¿Cómo están ustedes esta noche? —preguntó.
A la luz del fuego de la chimenea y de la lámpara colocada encima de la mesa advertÃase perfectamente la todos los circunstantes, deduje que debÃa de haber sido un insulto intolerable.
»—¿Qué he hecho para que me provoque de este modo? —farfulló Riggs, temblando de miedo.
»—Has agraviado a mi novia.