El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Después de estas palabras calló un rato, leyendo, mirando el fuego y dejando correr libremente su imaginación. Luego se acercó a dar un beso a su hermana y, deseándole las buenas noches, se retiró a la cama.
A primeras horas de la noche siguiente, cuando menos podía esperarlo, oyó Bo en los peldaños del pórtico unos pasos que le eran familiares. Los golpes que sonaron en seguida hicieron dar un salto a su corazón.
Elena fue a abrir la puerta, y Carmichael apareció recién afeitado, con su traje negro, tan elegante comparado con el traje de faenas que usaba a diario, y con una flor en el ojal.
—Buenas noches, señorita Elena; buenas noches, Bo.
—¿Cómo están ustedes?, —fue su saludo.
Elena contestó con afectuosa sonrisa de bienvenida. —Buenas noches… Tom— fue la contestación de Bo.