El Hombre del Bosque

El Hombre del Bosque

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Aquélla era ciertamente la primera vez que ella se había dignado llamarle con aquel nombre familiar. Bo estaba aquella noche más bonita que nunca, y su charla fue más atropellada, más atractiva, más graciosa. Pero si con todo eso, y con el uso que por primera vez hizo, con tono afectuoso y prometedor, del nombre de pila, se había creído atontolinar a Carmichael, pronto hubo de reconocer que se equivocaba. El cowboy oyó su nombre de pila como si Bo no le hubiese llamado nunca de otro modo, o como si no se hubiera dado cuenta de que aquella noche le llamaba de un modo diferente. Elena tuvo que reconocer que si los sentimientos de Carmichael no habían varado, el cowboy era un excelente actor. Hasta ella misma estaba algo desconcertada por su nueva actitud; pero gustábanle sus maneras y su sentido de la dignidad. Probablemente reconocía que había ido demasiado lejos en sus declaraciones de amor a Bo y quería enmendarlo.

—¿Cómo sigue usted? —preguntó a Bo.

—Bastante mejor, gracias —contestó la joven bajando los ojos—; pero todavía cojeo.

—Seguramente debió usted recibir todo el peso del caballo encima. Su hermana me ha dicho que tiene usted la rodilla seriamente magullada. La rodilla es el peor sitio en que puede uno hacerse daño, cuando se quiere seguir montando.


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