El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque La estocada era digna de un maestro, y Elena no podÃa adivinar como Carmichael la pararÃa, sobre todo yendo, como iba, acompañada de una mirada irresistible.
Pero ni ella ni Bo sospechaban, por lo que nudo verse entonces, lo duro y difÃcil de vencer que era el cowboy.
—Me vi obligado a hacer esta manifestación para impresionar más fuertemente a los circunstantes; pero crea que lo siento, y le ruego acepte mis más sinceras y humildes excusas.
Bo se quedo como quien ve visiones, y después de tragar un poco de saliva, se mordió los labios y se calló.
—Solamente he venido para saludarles esta noche —prosiguió Carmichael con la mayor indiferencia del mundo—. Esta noche hay baile, y puesto que Flo vive algo más lejos mejor será que me despida ahora. Buenas noches, señorita Bo; espero que pronto estará usted en estado de volver a montar. Buenas noches, señorita Elena.
Bo se puso, con bastante trabajo, en pie, para despedir a su amigo con palabras estudiadas, y Elena acompaño afectuosamente a Carmichael hasta la puerta.
Apenas se hubo éste marchado, cuando Bo dio rienda suelta a su despecho.