El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque A últimas horas de la tarde del dÃa siguiente, estando Bo y Elena en el vestÃbulo del rancho, se oyeron pisadas de caballo en el exterior y pasos en los peldaños del pórtico. ¡Cuál no serÃa la sorpresa de Elena cuando al abrir la puerta se encontró con que la persona que llegaba a visitarla era nada menos que el propio Beasley en persona! Fuera quedaron los jinetes que le acompañaban. Aun cuando no en aquel momento, la visita estaba, sin embargo, prevista, y Elena se repuso bien pronto de la sorpresa que le causo la vista de su enemigo.
—Buenas tardes, señorita Rayner —dijo el recién llegado descubriéndose—. He venido para hacerle a usted una proposición. ¿Quiere usted oÃrme?
Elena asintió, convencida de que valÃa más despachar cuanto antes, puesto que la entrevista era ya inevitable.
—Entre usted —contestó, cerrando tras él la puerta cuando le tuvo en el rancho—. Mi hermana —añadió, presentando a Bo.
—¿Cómo está usted, señorita? —saludo el ranchero en voz alta y sonora.
Bo contestó al saludo con una frÃa inclinación de cabeza.