El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Guapo y bien plantado, Beasley parecÃa, visto de cerca, un hombre de no más de treinta y cinco años. Su cuerpo era fornido y robusto; su piel, morena, y sus ojos negros, como los de los mejicanos, cuya sangre habÃa heredado. Respiraba osadÃa, vigor y confianza en sà mismo. Aun cuando Elena no hubiese tenido ninguna referencia previa, hubiera desconfiado de él a partir de aquella visita.
—No he venido antes —comenzó—, porque he estado esperando a José, el pastor que apacentaba mis ovejas cuando yo era socio de su tÃo.
Y se sentó, colocando sus manazas enguatadas sobre las rodillas.
—¿De veras? —comentó simplemente Elena.
—Sé que José ha salido ya de Magdalena, y ya puedo exponerle a usted mi pretensión, porque él no tardará en llegar.
—Señorita Rayner, he de participarle que este rancho que usted habita es mÃo. Tengo papeles y documentos que lo acreditan. Además, José podrá atestiguarlo. O me paga ochenta mil dólares, o desaloja usted esta hacienda y me la devuelve.
Beasley hablaba con naturalidad, sin amenaza, casi con la sencillez y amabilidad con que hubiera podido proponer un negocio cualquiera.