El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Sólo para eso, no —respondió Dale gravemente—. En primer lugar deseo decirle que estoy dispuesto a pagar las ovejas que usted asegura que le mato mi felino.
—¡Quiere usted pagármelas! ¿Y cómo si no tendrá bastante dinero?
—¿Fueron muchas ovejas?
—Unas cincuenta.
—¡Tantas! ¿Y cree usted que todas las mato mi puma?
—Estoy seguro de ello, Milt, absolutamente seguro.
—Vamos, sea usted razonable. ¿Cómo puede saber una cosa que yo ignoro? De todos modos, yo deseo borrar esta diferencia entre nosotros, y estoy dispuesto a venir a trabajar en su rancho hasta haberle pagado a usted.
—¡Está usted dispuesto a venir a trabajar aquà hasta pagarme en trabajo el precio de las cincuenta ovejas! —exclamó Al Auchincloss sin atreverse a dar crédito a sus oÃdos.
—Ciertamente.
—¡Es maravilloso! —exclamó echándose atrás y mirando a Dale con mirada inquisitiva—. ¿Qué ha sucedido para que usted haya podido tomar tal resolución? ¿Ha oÃdo usted decir que yo espero a mi sobrina y piensa usted enamorarla?