El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Señor Beasley, ¿recuerda el último otoño cuando se encontró usted con Snake Anson y su banda en los bosques para encargarle que se apoderara de mà y me quitara de en medio? —preguntó Elena con acusadora mirada.
La cara cetrina de Beasley pasó de su color oscuro y sanguÃneo al pálido verdoso.
—Veo que lo recuerda perfectamente —agregó Elena—. Pues bien, MÃlt Dale estaba escondido en la misma cabaña en que se celebró el encuentro y oyó todo lo tratado entre usted y el forajido.
A Beasley no le quedaba ya nada que añadir ni hacer en aquella casa, y abriendo por sà mismo la puerta salió sin decir palabra. Las pisadas de los caballos indicaron que se alejaba con sus hombres.
Poco tiempo después de cenar, Carmichael asomó su cabeza por la abierta puerta del rancho. Bo no estaba allÃ. Elena advirtió en seguida que el cowboy estaba pálido, sombrÃo, emocionado.
—¿Qué ha sucedido? —le preguntó, alarmada.
—Han pegado un tiro a Roy en la taberna Turner; pero no lo han matado. Le hemos llevado a casa de la viuda Cass. Vengo de parte de él a decirle a usted que cree que de ésta no morirá.
—¡Un tiro! —exclamó Elena, anonadada.
—SÃ, un tiro, y por más que él diga —rugió Carmichael—, no creo que se salve.