El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¡Oh, cielos, qué desgracia! —gimió Elena—. ¡Un hombre como él, tan bueno, tan cabal! Seguramente le han matado por mi causa. Cuénteme lo ocurrido. DÃgame quién le ha matado.
—No lo sé. Eso es precisamente lo que más me enfurece. Yo no presencié la escena, y él se niega a darme a conocer el nombre de su agresor.
—¿Por qué causa?
—Lo ignoro. Al principio creà que era porque deseaba vengarse por su propia mano. Después he comprendido, sin embargo, que éste no podÃa ser el verdadero motivo. Tal vez quiera evitarme los riesgos de una lucha, para no privarle a usted de uno de sus amigos, ahora que tan necesitada está de todos.
Elena, a su vez, dio a Carmichael cuenta de la visita de Beasley, repitiéndole puntualmente todo lo hablado.
—¡Cómo! ¿Ese mestizo, ese bastardo, se ha atrevido a hacerle a usted proposiciones de matrimonio?
—Efectivamente. No puedo ocultar que la proposición me llenó de indignación.
Carmichael se quedo un buen rato buscando las palabras con que habÃa de expresar su cólera.
—Señorita Elena —dijo al fin—, me parece que yo soy la persona indicada para aplicar el hierro candente a ese becerro.