El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Él debe de ser el asesino de Roy, porque salió de aquà con la rabia y la sed de venganza en el pecho.
—Dudo que podamos arrancar de Roy esta declaración antes que se muera. Lo único que he podido averiguar es que Roy entró en la taberna solo, y que allà estaban Beasley y Riggs.
—¡Riggs! —exclamó Elena.
—SÃ, Riggs. Ha vuelto al pueblo. Tanto peor para él. También estaban allà Jeff Mulvey y sus amigos. Turner me dijo que oyó unas palabras y en seguida un tiro. Cuando salió para conocer lo ocurrido se encontró a Roy en el suelo. Todos los demás habÃan huido. Yo llegué algo más tarde. Roy todavÃa estaba allÃ, sin que nadie le asistiera, ni se ocupara de él. Reproché debidamente a Turner su proceder inhumano. Busqué ayuda, y entre varios llevamos a Roy a casa de la viuda Cass. Hoy parecÃa bastante animoso; pero a mà no me engaña. A pesar de su energÃa y valor admirable, su herida es grave. Es indudable que la bala le ha atravesado el pulmón. La sangre le manaba abundante por la boca. Si Turner le hubiese atendido desde el principio, quizás el daño no hubiera sido tan irreparable, y si Roy muere por su culpa…
—Tom, ¿por qué ha de estar siempre pensando en matar a alguien? —recriminó severamente Elena.