El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Elena sintió verdaderamente en aquel momento los impulsos violentos de su sangre. La sonrisa melancólica que se dibujo en los labios del herido le demostró que éste había sabido leer perfectamente en su alma.
—Amigo mío, presiento que pueden ocurrir cosas horribles, pero no perdamos la esperanza antes de tiempo.
Advirtiendo ciertos signos de debilidad en el herido, Elena se levanto con propósito de retirarse, no sin prometer antes su visita para el día siguiente. Carmichael y la viuda Cass entraron en aquel momento, y tras breves palabras, Elena dio por terminada la visita. Carmichael se volvió hacia el herido, recomendándole desde la puerta de la habitación conformidad y buen ánimo.
—Da tú el ejemplo, mal fraile —rezongó Roy—; desarruga ese ceño y pon la cara sonriente para entusiasmar a Bo.
Carmichael partió como caballo espoleado. Los colores no se le fueron de la cara durante todo el camino, mientras se dirigía al rancho. Una vez allí entro con las muchachas en el vestíbulo. Estaba todavía sombrío, aun cuando había recuperado ya su natural aspecto sereno.
—¿Ha averiguado usted va quién ha herido a Roy? —preguntó con aspereza a Elena.