El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Tom no le hará a usted ningún daño —garantizó Dale—. Pero usted acaba de decimos que hay otras personas que necesitan vernos. ¿Ha ocurrido alguna desgracia a Elena Rayner?
—Corran en seguida a verla y no malgasten más tiempo aquà —fue la contestación de la viuda Cass.
Dale monto inmediatamente y lo mismo hizo John, pero los caballos tuvieron que ser duramente castigados con la espuela antes de ponerse al trote.
El camino hasta el rancho de Auchincloss le pareció a Dale interminable. Por muy dueño que fuera el cazador de sus sentimientos, no podÃa sofocar en su pecho la comezón de las desgracias que auguraba; pero, sobre todo, otro sentimiento predominaba en su alma: la dulce emoción, el gozo inefable de pensar que pronto iba a volver a ver a Elena.