El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque El cuerpo de Jim Wilson vibro ostensiblemente. Anson saco su revólver de la funda y lo ofreció a la muchacha, presentándoselo por la culata; pero en cuanto Bo alargo la mano para apoderarse de él, Anson retiro la suya con presteza.
—¡Cuidado! —exclamó Riggs con alarma.
—¡Qué me maten si la chiquilla no trae mala intención! —dijo el bandido.
—DÃgame —preguntó Wilson, con curioso interés, a la muchacha—, ¿le matarÃa usted si tuviese un arma?
—No —contestó Bo—. No quiero mancharme las manos con su sangre cobarde y villana. Le harÃa bailar, le harÃa huir, pondrÃa de manifiesto su cobardÃa.
—¿De veras sabe manejar el revólver?
Afirmo la muchacha su contestación con la cabeza, lanzando lumbre por los ojos y mostrando su resolución en la expresión de su cara. Wilson le alargo el revólver y Bo se lo arrebato de la mano antes de que pudiera impedÃrselo.
—Suelta el arma —rugió Anson.
Riggs se volvió con los ojos huera de las órbitas y también profirió algunas palabras confusas; pero su grito sonó de muy distinto modo.
—Baile usted o huya corriendo —ordenó la intrépida muchacha al hombre odiado, sin hacer caso de órdenes ni prevenciones.