El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Salió el tiro y el revólver casi se le escapo de la mano; pero Bo lo agarró con las dos manos y volvió a disparar. La segunda bala fue a incrustarse en el suelo, entre los pies de Riggs, levantando el polvo y las piedrezuelas. Riggs dio un salto, y luego otro, corriendo después en busca del refugio de unas rocas. La tercera bala debió de rozar la piel del medroso, a juzgar por el chillido que lanzo y el apresuramiento con que se oculto detrás de la roca más cercana.
Jim Wilson contemplaba la escena con el mismo aire impasible que había caracterizado su actitud desde la llegada de la joven al campamento. En cuanto Riggs se hubo ocultado, Wilson se adelanto y arrebato el revólver de las manos de Bo, procediendo en seguida a cargarlo de nuevo. La risa de Snake Anson cesó.
—¿Sabes que con tu revolver en las manos de esta chiquilla hubiera podido darnos un mal rato a todos?
—No creo que tenga nada contra ninguno de nosotros —declaró Wilson.
—Tú conoces más que yo a las mujeres; pero dime qué habrías hecho tú de haberte encontrado en el pellejo de Riggs.
La pregunta no carecía de intención y Wilson meditó unos instantes antes de contestar.
—Habría permanecido delante del arma quieto como una roca y sin chistar —declaró.