El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Te arrancaré la lengua si no callas —amenazó Beasley.
—No dudo que lo harÃa usted si me tuviera sola. Pero estos forajidos, estos ladrones de ganado, estos hombres de quienes contaba servirse para sus planes son mejores que usted y que Riggs y no le permitirÃan cumplir su amenaza. ¿Sabe lo que hará Carmichael con usted? ¡Carmichael!, mi novio; ya sabe lo que hizo con Riggs. ¿Tiene bastante cabeza para comprender lo que hará con usted?
—¿Qué puede hacer conmigo esa bambarria? —refunfuñó Beasley, esforzándose en aparentar indiferencia, pero pálido y tembloroso en realidad.
—¿Qué? —continuó Bo—. ¿Sabe que es de Texas, ¡de Texas!? ¿Se ha enterado usted?
—SÃ, de Texas, ¿qué tenemos con eso? —gruñó Beasley—. Por todas partes se encuentran tejanos. Aquà tenemos a Jim Wilson, que también es de Texas.
—¿Es usted de Texas? —preguntó Bo, asombrada, dirigiéndose al aludido.
—SÃ, aun cuando no merezco ese honor —contestó Wilson, con muestras evidentes de sentirse avergonzado al descubrir su procedencia.
—¡De Texas y no me ha defendido usted! ¡Yo que creÃa que incluso los bandidos defendÃan en Texas a las jóvenes indefensas! —murmuró Bo, acentuando la actitud de sus palabras con el tono sarcástico de su voz.