El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque La vergüenza no permitÃa a Jim Wilson levantar la cabeza. Snake, que le conocÃa, le miraba con recelo y temor de que su segundo se declarase de repente en favor de la muchacha.
—Beasley, está usted jugando con el peligro —advirtió a su antiguo asociado.
—Eso creo yo también —corroboró Bo con un acento de amenaza que hizo estremecer a todos los oyentes—. Pretende arrojar de casa a mi hermana. Pero sus dÃas están contados. Carmichael le matará.
Beasley montó de nuevo a caballo, lÃvido y furioso. Antes de partir se volvió hacia Snake, para decirle:
—Snake, no es falta mÃa si el negocio ha fracasado. Yo he sido leal; le prometà retribuirle espléndidamente sus servicios si mi plan se realizaba, pero el plan ha fracasado; si alguien le ha de pagar será el diablo.
—Me parece, Beasley, que tengo fuerzas suficientes para obligarle a cumplir, sus promesas —repuso Anson, pronunciando lentamente estas palabras—. Si usted ha sido leal hasta aquÃ, no lo es ahora. Hemos trabajado duramente desde el otoño en su favor; mis hombres han sufrido mucho. Estamos agrupados en bandos y no hemos ganado nada. Usted y yo no nos hemos peleado nunca, pero paréceme que podrÃa suceder aún lo que nunca ha sucedido.