El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Wilson se levantó y se fue hacia el lugar que señalaba su jefe. Dos de los caballos habían descendido al fondo de un fangoso y frondoso barranco. Wilson los oyó, aunque no pudo verlos, y descendió al fondo del barranco dando un rodeo para cortarles la retirada. El arroyo corría entre rocas. Wilson no lo veía; pero oía perfectamente el rumor del agua runruneante. Una vez se detuvo instintivamente a escuchar; pero no oyó sino los naturales sonidos del bosque. Sus oídos, bien alerta, no tardaron en oír, sin embargo, las pisadas sordas de un caballo, cuyos cuatro cascos iban envueltos en sendas arpilleras, con el fin de ahogar el ruido de su marcha. Desde aquel momento, sus movimientos fueron más precavidos, yendo a ocultarse en un lugar más espeso cubierto de helechos y campanillas. En medio de aquel lugar observó señales evidentes de haber dormido allí un puma. Se inclinó para estudiar las huellas del animal, y en aquel mismo momento recibió en la espalda una fuerte aguijadura, encontrándose, al volverse, con un cazador que le apuntaba con un fusil. Al lado de este cazador había un puma espantoso, que le miraba con ojos amenazadores.