El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —En ese caso, no hay que dudarlo —concluyó Wilson, satisfecho—. Prevendré a la muchacha a fin de que ella esté en su papel y nos ayude a salvarla. Tú te caes sobre nuestro campamento unos minutos antes de que cierre la noche. Yo tendré el terreno preparado. Tan pronto como el puma haya sembrado el pánico entre mis compañeros, yo te traeré la muchacha aquÃ, o donde tú me digas… Pero quizás este plan no sea tan bueno, a pesar de todo, pues podrÃa suceder que la fiera saltara sobre mà en vez de atacar a los demás de la banda. Comprenderás que esto no me harÃa ninguna gracia.
—Wilson, este puma es un cordero —aseguró Dale. No tiene de fiera más que el aspecto. Nunca ha atacado al hombre ni ha clavado sus uñas y sus colmillos más que en los cuerpos palpitantes de los venados o de los coyotes. Me puedo valer de él para seguir cualquier pista, pero ya me serÃa más difÃcil lanzarle contra ningún hombre. No obstante, su aspecto es terrible, y para el que no esté previamente prevenido de su mansedumbre el susto de verse frente a él ha de ser terrible.
—Estas razones me tranquilizan. ¡Cuánto me reiré cuando vea a mis compañeros muertos de miedo! Dale, puedes fiarte de mÃ, porque no pienso engañarte. Esta noche te entregaré a la muchacha, o, en caso de que las cosas no salgan como esperamos, mañana con toda seguridad.