El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Snake, la culpa de todo la tiene el feo asunto de la muchacha —intervino Wilson—, ya te lo avisé. Nuestras contrariedades empiezan ahora; lo siento en el viento, lo veo. —Wilson señalo a la muchacha. Bo Rayner hacÃa, en aquel momento, grandes reverencias a un tronco de árbol.
Anson la miro con ojos sorprendidos; la cara de sorpresa que puso al ver aquella escena tan inesperada, daba risa. Los otros dos bandidos abrieron no menos desmesurados ojos.
—Pero ¿qué hace esa muchacha? —preguntó Snake, sin atreverse a dar crédito a lo que veÃa—. ¿Está loca o se burla de nosotros?
Wilson se llevo el dedo a la frente con intención maligna.
—Ya lo habÃa descubierto yo esta mañana —murmuró.
—¿Qué dices? —preguntó Anson, cada vez más asombrado.
—Si esta muchacha no está loca, declaro que soy yo el que he perdido el juicio —aseguro Jones con aire de suficiencia.
Moze se quedó sin palabras de puro alarmado.
—Me estaba temiendo lo que sucede —dijo Wilson—, pero no me atrevÃa a decir nada sin estar seguro, por temor a que os burlarais de mÃ. Ahora siento no haber hablado antes.