El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Anson movió la cabeza cavilosamente. No se atrevÃa a dar crédito a sus ojos, pero los hechos eran claros y elocuentes.
Como si la muchacha fuera un animal dañino y peligroso, se acerco a ella despacio y con precauciones. Wilson le siguió y los demás hicieron lo mismo.
—¡Hola, muchacha! —dijo Anson con voz ronca.
La muchacha se enderezo, elevando la cabeza en actitud estatuaria. A través de sus crenchas de pelo, los ojos miraban a los bandidos con aire altivo y solemne. Pero sus labios no articularon una sola palabra.
—¡Hola, muchacha! —repitió Anson—. ¿Qué te pasa?
—¡Majestad! —replicó ella muy seria—, la reina está muy satisfecha de que os hayáis dignado dirigirle reina palabra.
—¡Oh!, —fue la única exclamación que salió de los labios de Anson.
—La reina espera tus ordenes, Majestad; acabo de remojar todas estas flores para Su Eminencia.
Y acerco las manos vacÃas a su nariz para que olfateara.
Shady Jones prorrumpió en una risa sardónica; pero su alegrÃa no duró mucho, porque Bo se acerco a él, dándole una tremenda bofetada.