El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Sus hombres también volvieron los ojos hacia Wilson con vivo interés.
—El corazón me lo dice. Esta noche no he hecho otra cosa sino soñar que nos seguÃan. Dos o tres veces me he despertado creyendo oÃr pasos. La tranquilidad ha acabado para nosotros.
—Pues bien, si yo compruebo que alguien nos sigue, inmediatamente mataré a la muchacha —repuso Anson con expresión sombrÃa.
Wilson ejecuto un movimiento rápido de violencia y pasión, tan amenazador, que los tres bandidos que lo vieron se quedaron con los ojos filos y la boca abierta.
—En este caso —dijo en tono decidido a su jefe—, tendrás que matarme primero a mÃ.
—¿Qué dices, Jim? ¿Te atreverÃas a rebelarte? —imploró Anson, elevando las manos al cielo con tristeza y dignidad.
—También yo estoy perdiendo la cabeza y más valdrÃa que me la perforaras de un tiro, antes de que yo te la perfore a ti para evitar que mates a esa pobre muchacha —manifestó Wilson con entereza.
—Jim, ha sido un rapto de locura —replicó Anson—; veo que la muchacha nos ha contagiado a todos un poco.
—Bebamos para olvidar.
En el whisky buscó Snake Anson el olvido de sus preocupaciones; pero ni él ni sus hombres lo lograron.