El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Wilson se aparto de ellos moviendo tristemente la cabeza.
—Patrón, deje solo a Jim —insinuó Shady—. Jiras es un hombre tranquilo y leal cuando no se le inquieta; pero es terrible cuando se ciega.
Moze se adhirió a la opinión de Shady con movimientos de cabeza.
Al terminar la partida, Anson no quiso continuar jugando, y si Moze y Shady continuaron fue ya sin poner ningún interés en las cartas.
Wilson continuaba en sus tareas en actitud de quien no advierte nada de lo que pasa a su alrededor y no tardó en llamar a los demás a cenar.
—Snake, ¿quieres que vaya a llevar algo de comida a la muchacha? —preguntó Wilson.
—¿Tienes que pedirme permiso para eso? —preguntó Anson—. ¡Bien hemos de alimentarla aun cuando ella no quiera comer!
—Bueno, pues allá voy a llevarle algo.
Y se acerco con precauciones al cobijo, como si él también temiese alguna locura inopinada de la muchacha.
Y arrodillándose a la entrada del cobijo le ofreció alimentos y bebidas. La muchacha, siempre alerta, le habÃa visto acercarse sin duda alguna, pues en cuanto le vio le saludo con una amable sonrisa.