El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Anson bajó la cabeza, con visibles muestras de preocupación. Se tendió bajo un árbol, quedándose dormido poco después.
Moze y Shady continuaron jugando a cartas; Wilson siguió paseando. Hizo algunas visitas a los caballos y volvió luego al campamento. Las horas de la tarde pasaron despacio.
A la hora del crepúsculo, Anson estaba nervioso por la tardanza de Burt.
—¿No hay noticias de Burt? —preguntó.
—¿Esperas ahora a Burt? —preguntó Wilson con sorpresa.
—Claro que sí —declaró Anson—. ¿Por qué no? Preciso será buscarle si no viene.
—¿Ya vuelven a apoderarse de ti los sentimientos extraños? —preguntó Wilson.
—No —respondió Snake.
Pero la fuerza con que acentuó la negativa, demostró lo contrario.
Wilson añadió nueva leña al fuego y se comió un trozo de galleta. Nadie le pidió que preparara la comida. Nadie pensó tampoco en substituirle en este menester. Uno a uno fueron los hombres a buscar en sus propias alforjas un poco de pan y carne curada. Esperaron luego con la inquietud de los hombres que no saben lo que la suerte les depara, pero que temen sea algo tremendo y desgraciado.